jueves

Bienvenidos al blog de Manuel Finisterre


Queridos lectores y amigos:

El mundo está lleno de literatura. A veces nos movemos entre ella y la vida misma que nos sale al paso.

Sed bienvenidos a este BLOG, cuyo título me lo ha prestado una novela de José Guadalajara: LA LUZ QUE OCULTA LA NIEBLA. Le doy las gracias desde aquí y me alegro de poder disfrutar de su franca amistad.

 Os ofrezco ahora una relación de mis tres novelas publicadas hasta la fecha, así como algunas reflexiones y colaboraciones literarias, entre ellas un relato de otra buena amiga (publicado bajo pseudónimo). Seguramente, sabréis a quién me estoy refiriendo, porque se ha convertido en la protagonista de la novela aludida más arriba. Está emocionadísima, aunque siente algo de rubor de que su vida amorosa se haya convertido en páginas de literatura que todo el mundo conoce.

Si amáis los libros, tal vez os guste acercaros a algunas de mis obras. Son novelas de calado humano, de profundidad psicológica, también de intriga... y escritas siempre con un desmesurado amor a las palabras.

Gracias por ser curiosos y por seguirme. Y por haceros preguntas.

MANUEL FINISTERRE

Nicoletta di Fiori: coleccionista de recuerdos

Noches blancas y noches oscuras.
He llamado a la puerta y se levanta a abrirme. Deja las fotografías sobre la mesa y  se lleva los recuerdos a través de la escalera.
Dentro, el otoño se enmascara bajo el fuego de la chimenea. A través de la mirilla me imagino su pupila y su rostro enmarcado en un óvalo de nostalgias.
Me abre.
―¿Cómo estás? ―me pone dos besos en las mejillas y me alegro de encontrarme con sus pómulos colorados. Tiene la piel fría de un viajero a la intemperie.
―He visto la luz en la ventana y he venido a verte.
―¿Llueve mucho?
―Cuatro gotas.

 Nicoletta, nombre supuesto que oculta una realidad más allá de la pura inexistencia, es coleccionista de recuerdos. Como un personaje de novela, me habla y me hace sonreír a diario; como una mujer real, me permite que comprenda sus fantasías y locuras.

En sus álbumes de fotos guarda apasionadamente numerosos recortes de tiempo. Ver esas imágenes y deleitarse en ellas le produce sensaciones indescriptibles. En su memoria permanece una estela llena de nombres que surcan universos cuajados de estrellas y sistemas planetarios. Sus pupilas se esmeran en recorrer los sitios que fueron y ya no son; y los que son, pero dejarán de ser. 

En esta foto del viejo Madrid, tras el humo impertinente, se oculta la esquina de la casa del balcón, esa esquina en donde en brazos de su abuelo -vestida de blanco, y él, con traje oscuro y corbata plateada- posó una mañana ante la cámara del fotógrafo. Ya han pasado desde entonces más de cincuenta años. Ese paisaje urbano se ha transformado completamente.

Su imaginación está llena de secretos: hay una luz  en ella que difumina y hace desaparecer la niebla, y otra luz, más intensa, oculta en el interior de esa otra niebla, que no tiene nombre y que es historia y es existencia y es destino.
Esa es la ambigüedad de un título, como una vida que se expande sobre la difusa línea del tiempo.

Fotografías, cartas, libros, amores...

"¡He visto la luz en la ventana... y he venido a verte!" 



GLIESE581g ....... por Giovanna Tornabuoni

Y yo, entretanto, leyendo noticias históricas sobre universos antiguos, sacándome restos de pescado maloliente alojados entre las muelas traseras o preocupándome de  si se me han secado los calzoncillos rojos tendidos sobre el cordel del patio.
Mientras, al otro lado, tan lejos que mi cabeza no da para comprenderlo, un planeta bautizado como Gliese 581g se posa frente a un sol incombustible situado a unos veinte “años luces” de La Tierra, una distancia que, si me pongo a pensar en serie, me produce sarpullidos en el cerebro y hace que se me acartonen todos los sistemas de defensa.
Pero es que la noticia merece crédito. Lo dice un periódico nacional y lo he visto  de refilón en el telediario.
Echado ahora, como estoy, sobre los cojines del sofá de floreada tapicería que perteneció a mi abuela, me encaramo de nuevo el artículo del diario a la altura de las gafas y releo con franca credulidad: “Ésta es una de las 100 estrellas más cercanas al Sol y ya se ha hallado un planeta que es probable que tenga una corteza sólida y agua líquida; incluso en el mismo sistema planetario hay varias supertierras, así que lo lógico es pensar que son muy frecuentes, al menos en las estrellas más pequeñas que el Sol”.
“Hay varias supertierras”, me repito despacio, tratando de comprender el concepto, recapacitando, como si fuera un triste bobalicón indocumentado. Pero es que yo, de verdad lo digo, no he sabido de esto hasta hoy mismo, jueves 30 de septiembre de 2010. Ha sido la periodista quien me ha alumbrado con su artículo al explicar para el lector rezagado que una supertierra es un planeta con una masa similar a la del nuestro. Pero, caray, Gliese 581g tiene unas tres veces la masa de La Tierra, además de ser un astro que no gira alrededor de sí mismo y que, por esta simple razón, posee una noche perpetua, constante e interminable en su cara oculta, y una luz dorada y matinal en la otra, es decir, una luz caliente que nunca empieza y que nunca termina. ¿Será entonces creíble, como reza el titular del periódico, la afirmación de que es “El primer planeta potencialmente habitable fuera del Sistema Solar?”
¿Y si lo fuera?
Vértigo me da pensarlo mientras meneo el cuello aquí y allá para acomodarme la cabeza en la plácida concavidad del cojín. Entonces, repitiéndoseme cual si fuera ajo o bendita fabada, se me viene otra vez encima la imagen del cordel en el que, como una bandera o enseña, ondea el rojo calzoncillo –slip lo llama ella con deje acuático- de mis pesares y desgracias, símbolo también de mi pésimo gusto y vulgar sensualidad. Eso lo dice Gladys, claro. Que no lo digo yo.
Así que, imaginándome otros mundos apartados y unos seres como garrapatas ciegas o cíclopes instalados sobre la reseca corteza de Gliese 581g, se me vienen de pronto unas ganas extrañas e insípidas de llorar, de arrancarme pelos a destajo, de meterme bajo una oscura alfombra para que me orinen encima hasta que me nazcan costras y negros escarabajos.
Y es que Gladys, hace dos horas, ha cerrado la puerta con un portazo infame y se ha ido escaleras abajo, dejándome con el periódico desparramado en el suelo y con la bandera roja y húmeda ondeando en el tendedero del patio. Y es que Gladys tiene piernas largas y labios adelgazados, un óvalo de piel ligera a la altura del mundo y párpados que abren y cierran unas pupilas de inquisición y desvergüenza.
Gladys se ha subido definitivamente en una nave terrícola para surcar espacios infinitos e inasibles y atravesar voces ciegas de ópalos oscuros que conducen a estrellas inmensas en donde el paladar se quema y los ojos orbitan desquiciados. Tal vez, se me viene ahora a la cabeza, alcance la cara oculta de Gliese 581g si consigue viajar a una velocidad traicionera.
Huele a pescado ahí dentro. La boca me humea a pescado recién salido del agua y me hurgo con el palillo torneado para extraer otra hebra díscola atravesada entre los esmaltes. Me molesta esta sensación de angustia en la boca, con los platos tintados de grasa y las sobras de crustáceos diseminadas aún sobre la mesa. La copa humedecida de albariño  derramada sobre el mantel, servilletas manchadas de carmín o aceite y un impertinente esqueleto de salmón abandonado en una esquina por los caníbales.
 Me molesta el olor de ahí dentro, un olor que se me sube a la cabeza y que me desgobierna las sensaciones, las palabras dichas a destiempo, los recuerdos soterrados, la boca y los finos labios de Gladys pidiéndome más besos y más besos sobre las sábanas de antaño. Me molesta Gladys misma con su sinsabor y su penuria opresiva. Me molestan sus piernas huidizas y sus pies ligeros, sus ávidos reproches, la larga escalera descendida que la conduce rápido a la calle. Me molestan sus ojos de palabras retorcidas.
Dejo el periódico y dejo a Gliese 581g abandonados a su suerte sobre el entarimado, a los pies del sofá. Entorno los párpados y me desquito un instante de esas luces atravesadas. Siento un sopor que me arrincona. Fuera, detrás de la ventana, quizá ya sea octubre, un octubre otoñal de un mes cualquiera. Veo deshojarse las páginas del tiempo y me noto apresado bajo mármoles y púrpuras luctuosas. Un ardor en el estómago me avisa.
Cuando despierto, las ágiles manos de Gladys sazonan de nuevo el pescado con una sal blanca cuyo regusto aún me envenena la lengua. La recuerdo en la cocina, cuerpo desnudo bajo el delantal de hule, abriendo sigilosa el frasquito de vidrio y espolvoreando su contenido sobre las plateadas escamas. Sus pechos redondos flotan en el aire.
 También recuerdo las palabras del diario: “Ésta es una de las 100 estrellas más cercanas al Sol y ya se ha hallado un planeta que es probable que tenga una corteza sólida y agua líquida”.
Ya me parece que regreso al principio.
La claridad me resulta inverosímil. Piso, sorprendido, esta extraña tierra de musgos y piedras brillantes. Distingo al fondo un inmenso lago encendido en la cara matinal de este mundo situado a veinte años luz de La Tierra.
 Desde un leve promontorio, y junto a un insólito laurel de hojas acuáticas, una silueta femenina se refleja en la superficie esmeralda de las aguas.


miércoles

TIEMPO DE OTOÑO. Manuel Finisterre, ed. Mito (2010)


Tiempo de otoño es una novela redonda y cíclica. Tomando como punto de partida los antiquísimos mitos de la circularidad del tiempo, Manuel Finisterre ha concebido una acción recurrente, entre lo real y lo legendario, que hunde sus raíces en culturas del pasado. Esto no quiere decir que Tiempo de otoño sea una novela histórica, pues su autor no ha pretendido en ella la reconstrucción de ninguna cultura antigua ni la escenificación de secuencias ancladas en la Historia.

Hay en esta novela un ansia de recuperación de los escondrijos de la memoria de Águeda, su protagonista, pero, a la vez, un descubrimiento de los impulsos sentimentales de su vida presente.

LA AMANTE AUSENTE. Manuel Finisterre, ed. Mito (2008)

Esta segunda novela del escritor madrileño Manuel Finisterre posee la brillante luminosidad de una tarde de verano. Su protagonista, Diego Olmo, acaba de salir de una tempestuosa relación amorosa que le ha dejado huellas en su carácter de hombre tímido, indeciso e inexperto. En unas vacaciones en Biarriz, en la costa francesa, adonde se ha retirado con el único fin de descansar y encontrarse a sí mismo, conoce a una intrépida periodista con la que intima. La alegre personalidad de ésta y su indudable atractivo físico comienzan a hacer mella en su ánimo.

De pronto, se ve inmiscuido en un rarísimo incidente en un restaurante de la ciudad: le han confundido con un oscuro empresario metido en turbulentos negocios. La aparente tranquilidad de los días de playa se ve enturbiada por esta extraña confusión que le lleva a arrostrar peligros impensados. Entretanto, la relación con Mavi, la periodista, continúa avanzando por un camino de ciego apasionamiento. Pronto, sin embargo, todo comenzará a teñirse con el color de indecisión y la añoranza. Aparece en escena su antigua amante y la acción se desboca en un enloquecido enfrentamiento, mezcla de confusos intereses.

Manuel Finisterre ha conseguido en La amante ausente un magnífico mosaico de piezas en un mundo en el que el amor, la pasión, los celos y los intereses se ofrecen como las pautas fundamentales de una existencia caótica y dolorida. El autor ha logrado superarse a sí mismo como escritor y como novelista.

EL REY DE BASTOS. Manuel Finisterre, ed. Mito (2004)


Como en una partida de cartas, esta novela de Manuel Finisterre nos adentra en un mundo de jugadas impredecibles y aleatorias que culminan en un inesperado desenlace. El jugador de "mejor mano", Esteve, en un arriesgado juego de envites, pretende apoderarse de las apuestas de sus compañeros de partida. Pero un astuto y ávido contrincante, Mailor, sabe ir más allá de las reglas del propio juego que allí se desarrolla y los conducirá por un itinerario de errores y acechanzas. La metáfora del juego es, en realidad, una completa metáfora de la existencia, jalonada de peligros y de miedos existenciales.

El rey de bastos es una novela de peripecia y aventura, con trazas de novela negra y drama psicológico. Su trama posee un arranque trepidante que "enganchará" al lector desde el principio. El estilo ágil, con una sintaxis y estructura muy cuidadas, se presenta en la línea de las más afamadas obras del género.

Quien se acerque hasta sus páginas ya nunca podrá separarse de sus extraños e irrepetibles personajes.